INKTOBER
- Natalia MG

- 2 abr 2024
- 2 min de lectura
Actualizado: 1 oct 2025

Invité a los cuervos a mi vida después de que un cómplice de la francmasonería en mi ciudad natal, me invitara a fumar un porro con droga química, sin yo saberlo; dentro de las instalaciones desde donde, la institución que copta el patrimonio intangible de los ecuatorianos, da rienda suelta al folckor de la safiedad y el machismo.
Durante el tiempo que viví en Ambato, me propuse participar en este evento que cada año se lleva a cabo en redes sociales con impacto internacional, como una vía para sortear la violencia psicopática que ya estuve viviendo, hasta ese punto, por unos siete años, sin saberlo. Quizas debería considerar que fue así toda mi vida, en especial, cuando esos mismos parásitos, apuntaron con un arma a mi madre, después del desceso de Alfonso Chávez, amigo personal de mi padre, el artista Fausto Morocho Andrade, quien figuraba a todas luces para secundarle en el cargo como director cultural de Chimborazo.
El fallecimiento del poeta, marcó un antes y un después en el trepar de la ingominia, en mi provincia y el Ecuador.
Esta es una de las ilustraciones que resultaron como consecuencia de la violencia psicopática, que destruyó gravemente mi sistema de autodefensa. (AÑO 2021)
Aún no había sido orquestada la destrucción de carácter que emprendieron contra mí, específicamente, un trío o cuarteto de personajes entre los que cuento tres narcisistas y un psicópata. Su doloso agravio, es solo una consecuencia de la misma psicopatía sistémica a la que estuve expuesta desde mi infancia y que no he podido demandar, pues al acercarme a la defensoría del pueblo, el machismo salió a decir que se trata solo de "un problema de faldas".


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